Otro de los lugares que visité estas vacaciones de semana santa fué Portomarín (villa declarada conjunto histórico artístico en el año 1946). Esta villa forma parte de la Ruta Xacobea hacia Santiago. Y es uno de los primeros lugares en los que la gente que quiere hacer el mínimo para ganar el jubileo compostelano (mínimo 100 km, por lo que prácticamente esta villa es la distancia mínima) tiene que empezar. Lo peculiar de esta villa es su iglesia en lo más alto del pueblo, construida en siglo XVI, su puente romano reconstruido, justo al final de actual puente, y sus edificios con soportales (Por cierto, perdón por la calidad de las fotos, pero tengo la camara estropeada y hasta que me la arreglen todos estos ultimos post están hechas con la del movil). Otra peculiaridad digna de mención es que prácticamente casi todo el pueblo esta reconstruido desde el año 1946. La razón de esta reconstrucción es el levantamiento del embalse de Belesar, el cual subió el nivel de las aguas que partían la villa en dos, por lo que las gentes del pueblo y otras instituciones trasladaron las edificaciones más importantes a zonas más altas. Las edificación más importantes que se trasladaron piedra a piedra son la iglesia de San Nicolás y los restos del puente romano. En verano, cuando el río lleva poca agua aún se pueden apreciar en el fondo los restos de antiguas edificaciones y otros restos del pueblo, que sobreviven al paso de los años sumergidos en las aguas de este embalse.
Además de las ya comentadas edificaciones también podemos encontrar en el municipio numerosos castros como el de Castromaior o Soengas entre otros muchos.
Historia triste del pueblo:
Está viene siendo una pequeña historia de que sucedió cuando los primeros restos del pueblo volvieron a emerger sobre las aguas....
Enero de 1963. Finalizada la construcción de la presa de Belesar y cerradas las compuertas, comenzó a subir el nivel de las aguas del río Miño. El pueblo de Portomarín, 30 kilómetros al sur de la ciudad de Lugo, fue inundado por el pantano en cuestión de días. Los vecinos ya habían sido trasladados a un pueblo nuevo construido en el alto de la ladera, y sus casas y fincas, expropiadas por la Administración franquista. La mayoría de los vecinos se trasladaron con lágrimas en los ojos, dejando una parte de su alma en el viejo pueblo. Aún hoy, 42 años después, la generación de los hijos sigue doliéndose de aquella cicatriz mal curada.
Este año quedaron descubiertas las ruinas tras un gran descenso del nivel del embalse, y por ello surgió la idea de volver a celebrar las fiestas patronales sobre las viejas piedras asulagadas . El proyecto prendió como la pólvora entre los lugareños y el día 2 de septiembre habrá un concierto sobre el templete musical del viejo pueblo, que se conserva casi intacto. Seguirá una cena, para la que ya venderán invitaciones en los bares, y una verbena para bailar sobre el pueblo que los vio nacer. «Una fiesta en la Atlántida», resumía un vecino muy versado en literatura fantástica.
Desde que trascendió la idea de la comisión de fiestas, los vecinos no paran de visitar los restos del viejo pueblo, aprovechando que las lluvias de los últimos días han cubierto el fango gris de un verde tapiz vegetal que invita a pisarlo. Y quienes no suelen perdonar el paseo por entre las ruinas son los que emigraron del viejo Portomarín hacia América u otros lugares cuando eran jóvenes, y ahora en vacaciones visitan a sus familias en el nuevo Portomarín. Uno de ellos es Arsenio Somoza, que en octubre del año 58 -un lustro antes de la inundación del pueblo- emigró a Barcelona con 23 años. Ahora, jubilado, vuelve cada verano, para revivir el pasado. Anteayer estuvo en las ruinas del aserradero de Benjamín, su padre. Y allí recordó cómo era la noria, y en dónde estaban las poleas y la sierra. Por dónde entraban los tablones y en dónde se almacenaban hasta que venían a comprarlos las gentes de Portomarín y de fuera. «¿Cómo sería hoxe o vello Portomarín se non afundira no embalse?», dice Arsenio con la vista perdida en la corriente del río. El mismo río en el que competían con sus barcas el día de las fiestas, con dos grandes caneiros cubiertos de árboles y vegetación (uno para la fábrica de la luz y otro para la serrería), además de muchos pequeños para la pesca. Todos pueden verse estos días con el agua baja. Recuerda que en esos caneiros se pescaban y comían anguilas hasta acabar el aceite. Luego se utilizaba el vino, que también freía un pescado muy sabroso. Era en aquel Portomarín abrigado junto al río, con un microclima de tres o cuatro grados más que el pueblo actual. «Estaría precioso ahora...», dice Arsenio al despertar de su sueño.


Hoy en día es un pueblo muy concurrido gracias al camino de Santiago, por lo que siempre está lleno de turistas y peregrinos. Además de esta ya de por si importante atracción dispone de varias fiestas durante el año, entre las que se podemos encontrar la del aguardiente en semana santa, la "Festa do Ramallo" el primer domingo de Julio, los Domingos Folklóricos que se vienen celebrando todos los años durante el mes de Agosto con actuaciones de música y baile tradicionales, y la "Feira do Nove" el día 9 de cada mes.

Podréis acceder a unas impresionantes vistas panorámicas de 360 del pueblo pulsando aquí o a más información del pueblo, sus fiestas y lugares que visitar en la página oficial del concello de Portomarín.

Os dejo aquí también un vídeo del Portomarin actual:



Y el antes y el después del embalse de Belesar:


Os dejo aquí la vista satélite del lugar y el enlace al google earth


Ver Turismo Enxebre en un mapa más grande Quien quiera aprovechar para visitar algo más por los alrededores tiene muy cerca la iglesia románica de San Facundo de Rivas de Miño, la villa de Sarria a unos kilometros, o incluso si quiere irse un poco más alla la villa de Samos con su impresionante monasterio, o incluso más lejos aún Lugo con su gran muralla Romana o el Cebreiro con sus míticas pallozas.


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